lunes, 24 de octubre de 2016

VLOG 1 AL FIN EN CASA: Entre vacunas y pequeheroes

Aquí os dejamos el primer video de nuestra nueva etapa. Ya en casa y con todas las cositas que otros bebés viven... y algunas que sólo viven los peques con HDC.

#mipequeheroe crece día a día y nosotros también. Y aquí os lo iremos contando.

Gracias por vernos, comentar, likes y compartir... gracias por soplar!


jueves, 20 de octubre de 2016

UNA SORPRESA MUY DESAGRADABLE


Van a cumplirse justas 24 horas desde que vi al fin tu carita en este mundo loco, loco… Y por fin puedo bajar a verte hoy. Desde ayer no he podido, pues la mañana en la planta transcurre entre termómetros, visita de médicos, de enfermeras, estimularme para sacar la leche que espero que tomarás... y esperas, las esperas siempre… Supongo que tendremos que acostumbrarnos a ellas, porque si todo va bien viviremos un largo camino de visitas al hospital para revisiones tuyas de todo tipo. Eso en el mejor de los casos, pues ya nos han hablado de lo habitual de los reingresos... Pero nosotros confiamos en ti, y en que será lo que deba ser.
Bajamos, yo voy en la silla de ruedas empujada por papá, que ha ido a verte esta mañana y dice que te han cambiado el respirador; imagino que eso es porque el que tenías no era suficiente. Pero espero que con este todo vaya mejor. Sé que estás luchando, te conozco y sé que no te dejas tan fácilmente. Eres como yo… no te rindes jamás. Seguro que saldrás adelante, por más que te cueste.

Bajamos a UCIN y nos llaman con prisas cuando asomamos al pasillo: “los papás de Pablo. Os están buscando”. Cómo que nos buscan? Venimos de unas plantas más arriba, por qué no nos han avisado a la habitación si algo urgente pasaba?

Nos sobresaltamos. Entiende, Pablo, que tenemos mucho miedo por todo lo que podría suceder. Porque confiamos en ti, pero sabemos que hasta los mejores guerreros se pueden ver superados y no queremos ni imaginar que esto suceda y volver a casa sin ti… Lo pienso de camino a la sala de reuniones donde quieren hablar con nosotros la Neonatóloga que tienes asignada y la Residente que te lleva… pienso en esos brazos vacíos, ese pecho oscurecido por la tristeza si volvemos a casa sin ti… No sé si podría soportarlo. Sé que prometí respetar tu camino sea cual sea, y sé que uno de los posibles escenarios es que partas de nuestro lado… pero se me parte el alma en mil pedazos solo de imaginarlo. Lo alejo de mi mente... aunque siempre está ahí, metidito en un rincón, mirándonos de reojo.

Ha sucedido a varias familias compañeras de camino con HDC en la Asociación durante estos meses
y sé sobradamente que es una realidad que puede ocurrir. La he tenido muy cerca con esas mamás con las que compartí mi embarazo, he llorado con ellas, he enviado abrazos, besos y luz a cada una de esas familias porque sé que perder a un hijo es algo tan terrible que toda luz y todo apoyo es escaso. La he leído en todos los estudios y revisiones sobre Hernia Diafragmática Congénita, convertida en porcentajes de éxito y de fracaso... Fracaso, no quiero ni pensarlo. Con lo que lucháis, pequeños míos, jamás de ninguno diría que ha fracasado…
Y es una realidad que puede pasarnos a nosotros, que puede pasarle a cualquiera porque los porcentajes son al final personas detrás de cada número... sea un 1 o un 90, ya lo digo siempre. Lo alejo de mi mente… no, eso no pasará. Eso no te pasará a ti, no a nosotros. Será duro, sé que no será nada fácil. Necesitaremos estar muy atentos para estar unidos y darte el apoyo que necesitas desde esa unión sin la que es imposible cuidarte como debemos, necesitaremos mucho soporte emocional de los que nos rodean... sostén para nuestra familia, para los 4 y para nuestra unión. Pero saldremos de aquí los 4 e iremos a casa juntos aunque nos cueste todo el verano aquí y haya que jugar todas las cartas del mundo. Porque somos así, luchamos hasta el último momento pensando siempre en conseguirlo, aunque tengamos los pies en el suelo y sepamos que quizás llegue un punto que no esté en nuestras manos hacerlo.

Al entrar se presentan las dos doctoras… tienen cara circunspecta… No es bueno. Ya teníamos claro antes de entrar que el hecho de llamarnos a un espacio aparte no era bueno. Cuando seas mayor verás, Pablo, que cuando te llaman a un despacho o similar las posibilidades de que algo vaya mal son muchas. Pero más si la cara de quien te convoca es parecida a la de las dos mujeres que tenemos ante nosotros.

Nos empiezan a hablar. Nos dicen que tu diagnóstico no era bueno y lo sabíamos. Cómo que no era bueno? Era intermedio. No era bueno pero tampoco malo… o es que era peor de lo que nos habían dicho? No, no me voy a dispersar… escuchemos…

Nos hablan de que no has respondido como se esperaba. No tenías mal porcentaje pulmonar, pero el pulmón "bueno" no tiene la funcionalidad que ellos esperaban pese a tener buen aspecto en las ecografías y el "malo" es muy pequeñito y no consigue trabajar porque está muy oprimido... Tu corazón está sufriendo... estarás sufriendo tú? Hasta qué punto serás consciente de que hay mucho que no va bien en tu cuerpo? No respondes ni a los fármacos ni a la subida de asistencia progresiva que te han ido haciendo con los respiradores. Y ya no hay nada superior a lo que te tienen conectado que te puedan poner. No hay nada por encima de la alta frecuencia y tú sigues sin reaccionar, vas bajando tu oxigenación lento pero progresivo, no consiguen ayudarte…

Mi mente se nubla por un momento. Me mareo, la sala de reuniones que hace un momento me parecía enorme es ahora un espacio muy reducido... me cuesta respirar, me pesa el pecho... Si yo me encuentro mal, cómo estarás tú que apenas puedes respirar?… visualizo ese salir de aquí sin ti… no puede ser… Algo ha de haber. No me rindo, no me resigno... Recomponte, Bea... Ten la cabeza aquí. Vienen las decisiones importantes por él y para él.

Queremos meterle en ECMO , nos dicen… Nos explican lo que es el ECMO, pero yo lo sé y me pierdo en mis pensamientos… Cómo que en ECMO? Estando yo embarazada hubo un momento en el que no había ECMOs libres en Madrid. Recuerdo que yo estaba nerviosa por ello, que hablé con los Ginecólogos y me dijeron que no me preocupara. Que no la necesitarías por cómo se te veía, que tu pulmón "bueno" parecía tener buena irrigación sanguínea y eso era buena señal para saber cómo funcionaría una vez nacieras… Pero yo seguí preocupada. Incluso valoramos trasladarnos a otra ciudad donde sí había ECMOs disponibles, pero decidimos confiar en ti... y pedirte una vez más que nos ayudaras a ayudarte. Por eso te pedía cada día que esperaras un poco, que aguantaras para crecer lo más posible, para que si necesitabas ECMO hubiera alguna libre. El soporte extra corpóreo podía ser necesario y si no había ninguno libre perderíamos una opción que podría salvarte la vida… Y me hiciste caso, esperaste.

Mi atención vuelve a aquella sala de reuniones… Pregunto el porcentaje de éxito de la ECMO que podemos esperar, las posibilidades que tienes de salir adelante. Sé que los porcentajes no son más que números, de verdad que lo sé, y que si te toca da igual que el número fuera un 80 que un 1… al final lo que cuenta es tu realidad. Pero necesito un dato objetivo que apoye esa intervención que es tan invasiva. Y les cuesta darnos una cifra, pero al fin nos la dicen. Hablan de un 40% de éxito en casos de HDC con ECMO. Pero también nos dicen que la entrada es peligrosa, que requiere una operación para insertarte una cánula de entrada y otra de salida de tu sangre desde el corazón… Hay que operarte para ponerlas, luego conectarte a ECMO, que permanezcas estable y la necesites cada vez menos, desconectarte y operar de nuevo para sacar las cánulas… Todo eso y sólo tienes 24 horas… justo ahora, en este momento, estás cumpliendo un día de vida, mi amor… y justo ahora nos dicen que o hacemos esto o morirás… Vamos a todo o nada con lo más importante de nuestras vidas: tú.

Podrás… si te dan la oportunidad es porque ellos también creen que podrás. Lo decimos papá y yo. Si no hubiera posibilidades no lo intentarían. Y él es fuerte. Es un campeón que lo va a pelear todo y más. Sabemos quien eres… sabemos cómo eres. Eres nuestro hijo, nuestro espartano, nuestro guerrero. Y nuestro guerrero libra cada batalla hasta el final.

Nos piden el consentimiento… lo firmamos aún en shock… Ayer la felicidad de al fin tenerte ante nuestros ojos y hoy parece que todo se está esfumando… que tú te estás yendo poco a poco… Pero lucharemos contigo, lo intentaremos todo, todo. Tendrá consecuencias? Seguro. Pero es cara o cruz… la moneda no caerá de canto. Lo daremos todo, como tú lo estás haciendo, mi niño.

Nos cuentan que la máquina sacará la sangre de tu cuerpo, la procesará, la oxigenará y la devolverá a ti cumpliendo así las funciones del corazón y los pulmones. De ese modo tu castigado corazón y tus cansados pulmoncitos podrán descansar durante unos días… Serán los mínimos posibles, pues estar en ECMO tiene muchos riesgos, entre ellos la formación de trombos que pueden ser fatales. Pero lo haremos porque es lo único que podemos hacer por ti. Más adelante pensaremos en la cirugía para ponerte el diafragma, pero si no conseguimos estabilizarte no habrá más camino. Así que firmamos.

Esa firma nos cuesta 10 años de vida… nos deja desolados porque significa que las cosas están casi en el peor punto que podrían estar, y se ponen en él después de solo 24 horas desde tu nacimiento… Pero cómo no vamos a darte todas las oportunidades posibles. Mereces todas y más… Mereces estar bien, ser feliz, estar sano… y no esto que te está sucediendo, mi pequeño. Es todo tan injusto… tan terrible que tengas que estar así… que tengas que luchar de este modo…

Entramos a verte. No queremos que lo notes, pero tenemos el alma desgarrada… nuestro corazón está ahí, conectado a ese respirador que le hace vibrar contigo y que le empuja aire intentando evitar, sin éxito, que entres en hipoxia… Vemos el monitor… Mi niño, qué consecuencias tendrá esta falta de oxigenación que sufre? Estará pasando dolor? Se sentirás incómodo? Sufrirá ahora? No, no queremos ni pensar que puedas estar sufriendo… eso nos desmorona más aún.
Te tienen sedado y relajado, así que sabemos que poca o nada consciencia tienes, pero aún así te hablamos. Queremos hablarte, queremos decirte cuanto te amamos, que estamos ahí contigo, que vamos a luchar contigo, que tú puedes… y tú estás ahí, estiradito, con las vías de la medicación que nos parece infinita, la sonda, los electrodos en el pecho y el cerebro, el pulsioxímetro para medir tus saturaciones de oxígeno y vibrando con el respirador de alta frecuencia… esas torres de medicación para el corazón, la tensión, los pulmones, los riñones, la sedación… Tantas cosas para ti, que eres tan pequeñito… Con tus ojos rasgaditos preciosos, tus largos dedos, tus pies pequegrandes, esa cinturita fina que hace notar que la pancita está vacía, tu pechito hundido y esa boquita perfecta que aún no se ha podido apenas mover desde que naciste…

Estamos aquí, mi bebé… Nos vamos para que te preparen para la operación, pero estamos a tu lado. Salimos y nos alejamos por el pasillo para subir a la habitación y poder desahogarnos, pero alguien nos para. Tú eres Bea? No me conoces, pero yo a ti sí por el blog y los videos. Soy Enfermera aquí y si necesitáis algo sólo me lo tenéis que decir. Cómo está Pablo?

Me echo a llorar! Alguien que no conocemos tiene la sensibilidad y la humanidad de pararnos, de ofrecernos apoyo, de darnos cariño en este momento. Estallo y le cuento que sólo nos queda entrar en ECMO, estás muy malito… Ha sido toda una sorpresa estar hoy como estamos y yo estoy destrozada. No esperaba llegar a este punto, al último recurso, en este momento.

Ella nos habla con cariño, se agacha para hablar conmigo en la silla de ruedas y se despide con calor… Necesitamos asumir, procesar… llorar… Necesitamos soltar para seguir estando a tu lado.


Bea, Mami de Pequeheroe

lunes, 17 de octubre de 2016

MIS PRIMERAS 24 HORAS DE VIDA: NO ME QUIERO DEJAR LLEVAR

Tengo sueño… mucho sueño. Pero no me quiero dormir. Quiero mirar, escuchar… moverme. Pero no puedo.

Es un sueño raro este que siento, no es como cuando estaba en la tripita de mamá. Entonces me podía mover libremente si quería, pero ahora no puedo… todo me pesa. No puedo chuparme un dedo ni agarrarme las manos. Por qué? Qué me pasa?

Oigo ruidos que no conozco, uno muy molesto, constante, que no me deja relajarme… No es el corazón de mi mamá, ese ruido me relajaba. Hay voces también que nunca he oído, que no son mamá y papá. Tampoco es mi hermana, la nena, que me hablaban a través de la tripa mientras estaba dentro. Supongo que serán como ellos, pero diferentes. A veces hablan sin sentido para mi y de vez en cuando parece que me hablan a mi con cariño… pero noto pena… Sé lo que es porque la noté dentro de mamá, cuando estaba en la tripa a veces mamá sentía eso, y hace que las voces suenen diferentes. Por qué me hablan con pena? Tendrá que ver con lo que mamá me contaba en la panza?

En la tripa mamá me contaba que yo estaba malito, que iban a estar a mi lado pasara lo que pasara, que iban a aceptar lo que tuviera que ser pero que lucharían conmigo para salir adelante. Que aguantara, que creciera mucho dentro, que no permitiera que mis pulmones, que ella dice que están junto a mi corazoncito que hace tum-tum, se hicieran más pequeños… Me mandaba lo que ella llamaba “esferitas de luz” para llenar esos pulmones mientras ella respiraba despacio y profundo. No sé qué serán los pulmones, pero deben ser muy importantes porque mamá me insistía mucho en que tenía que cuidarlos.

Aquí estoy muy molesto cuando me despierto a medias, no como dentro de mamá… Allí estaba calentito, arropadito y con los mimitos que tanto me gustan y a oscuritas como me gusta a mi… pero ahora… esa luz… cómo cuesta abrir los ojos con esa luz! Por qué está ahí molestando? Parece el día que mamá puso su pancita al sol hace poco y me molestaba… solo que allí me podía tapar, podía moverme para que la luz no me hiciera enfadar… y ahora no puedo moverme ni taparme con las manos. Aquella luz terminó gustándome, era agradable y cálida. Pero esta me la encuentro cada vez que salgo de mi sueño extraño y sigue molestándome… aquí nunca se va la luz?

Quiero llamar… quiero llamar a mi mamá y mi papá… pero estoy tan cansado, tan pesado… que no puedo. Y cuando consigo despertarme un poquito más eso que tengo en la boca me molesta, no me deja llamar. Pero yo sé hacerlo. Lo hice cuando salí de la tripa. Dicen que se llama llorar… pero yo sólo quería llamar a mi mamá para que me arropara y no me soltara, sólo quería pedir que no me llevaran y no me hicieran más cositas, aunque me decían que eran por mi bien.

Por mi boca entra algo que empuja hacia dentro, algo muy molesto que llega a esos pulmones de los que hablaba mamá cuando estaba en la tripa. No quiero que entre eso… Empezó entrando un poquito, pero ha ido a más. Y ahora, además, me hace temblar. He escuchado algo de “alta frecuencia”, parece que es lo que me han puesto por la boca… pero eso de la alta frecuencia no me gusta nada. Es incómodo, es molesto… quiero que me lo quitéis. No quiero que lleve mis pulmones. Son míos… y que me los llenen así es muy desagradable.

Veo todo borroso… a veces noto que me tocan… me ponen y me quitan cosas, parece. Me echan algo en los ojos y después veo todo blanco cuando intento abrirlos. Hablan de ponerme esto o lo otro… noto cosas que me tiran de los brazos y las piernas en los pocos momentos en los que el sueño me permite moverme un poquitín. Y esos momentos, los de moverme, son tan pequeños que no puedo ni despertarme del todo. Enseguida noto que algo me empuja al sueño de nuevo y vuelvo a caer. Quiero despertarme!

Mamá, papá! Sí, estáis aquí! Al fin! Ahora todo irá mejor seguro. Me quitarán esta horrible luz, me
arroparán y me dirán cosas bonitas mientras me miman…
No… por qué lloráis? Qué pasa? Por qué estáis más tristes que anoche? Mi niño, pobre mío. Mi bebé. No dejáis de decirlo… qué me pasa? Por qué sonáis con tanta pena? Papá ha estado aquí hace un rato y no estaba tan triste como ahora. Me tocáis temblando… por qué tembláis?

Me cuesta llevar esas esferitas de aire que decía mamá al pecho… me pesa, me molesta, me duele… parece que me lo estén empujando y aplastando. Entra forzando por la boca esa fuerza tan molesta…
Me besáis, me decís que me queréis más que a nada y os despedís… por qué os vais? Por qué todos suenan con pena, con nervios? Por qué hay cada vez más gente a mi alrededor? Por qué no estáis vosotros?

De nuevo el sueño… ahora sí que duermo profundo… dejo de oir y de sentir… Será que ese camino mío del que tanto habla mamá ha cambiado?

Más pitidos, más voces… voy escuchando algo… Me mueven… me siento raro… Algo me molesta en el cuello. Me rodea muchísima gente y todos hablan entre ellos. Nadie parece verme… todos miran algo llamado ECMO. No sé lo que será, pero parece importante para mi, para todas esas cositas que dicen que son para ayudarme.
Noto el cuerpo raro… como si algo se escapara de él. Pero estoy tan dormido que no puedo mover nada… ni las puntitas de los dedos que antes movía… Qué está pasando?

Papá! Mamá! Habéis vuelto! Os oigo un poquito… Estáis menos tristes. Muy bien, mi amor. Eres un campeón, mi cielo. Te quiero… aguanta, mi amor. No dejáis de decirme cosas bonitas, de acariciarme aunque apenas lo noto… Estáis preocupados, lo sé… pero tenéis menos pena que antes. Estáis más contentos? Lo estoy haciendo bien?

Ya no puedo luchar contra lo que entra por mi boca… creo que lo mejor será dejarse llevar… Siento como si algo saliera de mi, como si me vaciara… pero es una sensación rara, porque tampoco me noto vacío… Mamá y papá hablan también entre ellos de eso llamado ECMO… será lo que me están haciendo? Mamá me pide que me deje llevar, que me deje ayudar. Dice que están ahí, haciéndome tantas cosas para que pueda irme a casita con ellos y ser feliz en sus brazos. Yo quiero eso. Yo quiero estar en sus brazos… necesito estar ahí…

Descansa, hijo. Descansa y déjate llevar. Déjate ayudar para ponerte bien y venir a casita con mami y papi.


Me dejo ir… me dejo dormir… 


Pablo, Mipequehéroe

martes, 11 de octubre de 2016

TE CONOZCO... TE RE-CONOZCO

Querido pequeño gran héroe

Desde que naces, todo se ha paralizado para mi. Estoy en la misma habitación en la que hasta hace poco te movías en mi vientre solo que ahora estoy sola… no estás tú, no está la Matrona, papá tampoco está… no sé lo que pasa ni cómo estás… No sé si has necesitado que te reanimen o si quizás lo has necesitado pero no han podido… El tiempo se hace eterno sin ti y sin noticias tuyas. Nadie me dice nada… nadie entra por la puerta y yo sólo puedo pensar en ti, confiar en ti y saber, de alguna incomprensible e ilógica manera que estás bien sólo porque eres tú. Porque tú puedes. Eres #mipequeheroe.

Me acaricio la tripa vacía, recuerdo que con tu hermana esto me producía pena, que la tenía en brazos pero a la vez la añoraba dentro. Pero contigo es una especie de forma de conectar con tu esencia, contigo… Cierro los ojos y busco en mi las sensaciones de esas patadas tan increíbles que dabas, cuando desde fuera se te notaban las piernas claramente al moverte… cuando tenías hipo y yo te mimaba porque te enfadabas porque estabas incómodo…

Al fin viene papá. No es consciente del tiempo tan eterno que ha pasado para mi, pero llega disculpándose por no venir antes. No sabía si me habían devuelto a la habitación o dónde estaba porque yo le había casi ordenado que te persiguiera a ti fueras donde fueras llevado. Yo podría estar sola, pero tú debías tenernos cerca a uno de los dos y me imaginaba que yo no podría estar, así que ha ido tras tu cuna térmica por todo el hospital hasta la UCIN donde te han ingresado.
Me dice que te han intubado, que estás muy guapo y me enseña fotos… y lloro… eres tan precioso que ni en mis mejores visualizaciones hubiera podido llegar a imaginarte. Te vi al salir, pero fue tan fugaz, con tu ceño fruncido y esa mano que se abría y cerraba como queriendo agarrarse a donde debía… a mi… Y esa imagen lleva tanto rato atormentándome, haciéndome sentir que si ese era el último momento en el que te veía, si no podían despertarte de la sedación que seguro te pondrían, sólo te vería enfadado y buscándome desesperado. Esa imagen me remueve tanto que ver las fotos me recoloca en un plano más sereno y me reconforta en cierta medida.

Ya todos te han visto… todos han visto a mi hijo antes que yo… y las horas pasan sin que me “den permiso” para bajar a verte.
No encuentro el sentido a la prohibición de moverme de la habitación. Sí, he tenido hemorragia… pero no exagerada. Y claro que tenía anemia, ya que yo la tengo crónica y a ella se añade la fisiológica del embarazo. Pero no me encuentro mal… bueno, sí… me encuentro muy mal porque aún no he podido verte. Pienso en ti solo en ese lugar frío y extraño… con esas personas cuyas voces no conoces… sin el amor de quien debe estar a tu lado. Y sufro… No quiero estar triste porque eso me haría perder el norte, y hemos de estar equilibrados porque habrá que tomar decisiones por ti. Por tu vida… asumir noticias que quizás no nos gusten… habrá que estar muy centrados por y para ti. Así que aparco toda esa tristeza, esa incomprensión y ese sentimiento de haberte abandonado y de parecer ser la persona menos importante para todos porque seré la última en conocerte… Ya lo asumiré y lo procesaré… ya tendré momento para recolocar todo lo que está pasando.

Pasan las horas en la habitación, con ese camisón de hospital que parece que a las pequeñas nos dan grande y a las grandes les dan pequeño… sin apetito, sin pensar en otra cosa que no sea salir por la puerta sin que me vean y bajar a verte. Pero no llegaría muy lejos… no podría correr… Así que daré de margen hasta la hora de la cena y sino, ya tenemos localizada una silla de ruedas en la que bajar a verte, mi amor.

“Si te portas bien y has hecho pis, por la noche te dejamos bajar en silla de ruedas”, me dice una de las personas que me atiende en la habitación. Mi parte de luchadora por los derechos de la mujer se enfada, se revuelve… qué es ese paternalismo? Por qué tratamos así a una mujer adulta que acaba de parir y pide algo tan sencillo como ver a su bebé cuanto antes? “Qué dice esta señora? Me voy a pedir el alta voluntaria y vaya que si voy a bajar a verle”, pienso enfadada… pero de nuevo me llamo a la calma… necesito equilibrio, no lucha, y así me lo recuerdo. Así que permanezco allí, con mi margen de tiempo original sin más.

No me dejan levantarme para ir al baño, y pretenden que orine en la cuña… pero me pregunto cómo hacerlo si no siento nada en la zona pélvica… Las piernas aún me hormiguean por la epidural, pero en la zona pélvica es que directamente no tengo sensibilidad. Así que intento moverme lo posible: pies, piernas, cadera… Vamos a darle movilidad a todo lo que se ha quedado dormido con la epidural… Es una experiencia nueva para mi, pues cuando llegó tu hermana la epidural no me durmió las piernas ni muchísimo menos… Y es una sensación horrible, de falta de control de una parte de mi cuerpo… Aún así, agradezco no haber tenido que pasar por una cesárea porque de este modo tengo solo dos desgarros que preveo que se curarán en no demasiado tiempo. En caso contrario pasaría un postoperatorio en la UCIN, y todo sería diferente.

Todo el mundo que te ha visto me dice lo bonito que eres… y yo sonrío… entiendo su ilusión, que
me lo cuentan como algo bonito, que están emocionados… pero a mi me parte el alma por dentro porque todos te han visto menos yo, tu madre.
Pienso una y otra vez en qué habrás sentido al salir y, en lugar de encontrar la calidez de mi pecho y mi voz diciéndot
e cuanto te amo, te hayas encontrado a tu equipo de Neonatólogas haciendo todas las maniobras habidas y por haber para sacarte adelante, pero lejos de mamá… Me atormenta que hayas podido sentir miedo, abandono, enfado, extrañeza… mi niño… cuantas emociones que seguramente ni comprendías! Cuanto por sanar cuando llegue el momento! Ojalá tengamos ocasión de hacerlo.
Llega la hora de la cena, la hora de la cena de hospital, que para nosotros es casi la de la merienda en realidad. Y el cambio de turno ha traído a otra persona que nos atiende… y me pregunta si he podido verte. “No, aún no. Le ha visto todo el mundo menos su madre”, le contesto conteniendo las lágrimas. Y ella sí parece entenderlo y me dice que baje. Que cojamos la primera silla de ruedas del pasillo y baje ya mismo si quiero… Que si quiero? Vuelo! Para qué una silla de ruedas? Pero papá no se siente seguro si me mareo y prefiere llevarme en ella…

Dónde está mi niño? Cómo se llega a él? Si tuviera que ir sola tras esa primera vez, jamás hubiera llegado. Si hubiera tenido que responder a cómo era la UCIN tras esa primera visita no hubiera podido decir siquiera si había más bebés en esa unidad… Sólo veía que te iba a ver… que te iba a re-conocer… que podría tocarte, aunque no sabía cuánto…

Y allí estabas… Tan hermoso, tan increíblemente perfecto como sólo un hijo puede ser. Con tu boquita de piñón de la que asomaba el tubo que te daba oxígeno. Con tus ojitos rasgados y tu poquito pelo… con tus manos de dedos largos y esbeltos y esos pies enormes… qué grandes tienes los pies, mi amor!

Te toco con miedo… tienes tu monitor, tu oxígeno, las vías… tienes tantas cositas puestas! Pronto me daría cuenta de que ese día no tenías nada, comparado con lo que llegarías a tener… Y yo que creía que verte así sedadito me había partido el alma… el alma se partiría con lo que estaba por llegar.
Sólo puedo llorar y decirte que estoy aquí… me oirás? Yo quiero creer que sí. Te digo que estaré ahí para ti, para el camino que decidas hacer… que estaremos a tu lado vayas donde vayas en él… Que eres el mejor, que eres un campeón y un superhéroe. Mi niño, mi bebé , repito una y otra vez… Es perfecto, es precioso , no dejo de repetir… Y es que lo eres… eres mi niño, mi amor… Tan perfecto como tu hermana, tan hermoso como ella… Y al fin te puedo tocar… te puedo re-conocer… Y no me creo la suerte que tengo de que hayas llegado a mi vida, a nuestras vidas. Porque no puedes ser más perfecto… no puedes ser mejor…


Eres tú, y eso lo es todo.


Bea, Mami de Pequeheroe

viernes, 30 de septiembre de 2016

Y AL FIN NACÍ!

Buenos días, mi amor. Te gusta hoy el día para nacer?, pregunta mamá nada más despertarnos. Qué será eso de nacer? Para qué servirá? Espero que me lo explique en algún momento, aunque ella lo dice como si yo supiera a qué se refiere.

Un poquito de movimiento de ese que nos gusta a mamá y a mi y que me acuna para relajarme, unos mimitos de mamá, comemos, descansamos un rato… y así se pasan los días. A veces vamos a un sitio en el que me enfado mucho porque… por qué han de empujarme mientras duermo? Mamá me habla en esos momentos y me dice que me relaje, que ella me está viendo, pero a nadie le gusta que le despierten a empujones, no?

Así pasan los días… entre mimos, momentos en los que me cantan, me acunan en mi piscinita calentita, me hablan y me dicen cosas bonitas… y me preguntan si me gusta ese día para nacer. Papá y mamá me hablan mucho, me dicen lo mucho que me quieren y que están deseando verme la carita. Papá dice a ver si vamos saliendo, que ya toca, pero no sé dónde quieren que salga. Así que aquí sigo, tranquilito… arropado, calentito y mimado, arrimándome a la pared cuando noto la mano de mamá o los besitos de papá o la voz de mi hermana.

Pero esa noche todo cambió, todo fue diferente. Papá me dio las buenas noches y se puso a dormir porque mi papá se levanta aún de noche para ir a trabajar. Y mamá pensó que estaba dormido y también me dio las buenas noches y me dijo que me quería después de cantarme mi canción, la que me cantaba siempre.
Luego se relajó y empezó a respirar… aaaaaaaaa… aaaaaaaaaa, repetía mientras respiraba… Y entonces pasó. De repente, sin más, mi agua calentita empezó a desaparecer. No entendía por qué. Yo sólo me había movido, como me movía siempre. Es que soy un niño muy activo y con mucha fuerza… habré roto algo?

Gonzalo, he roto aguas, escuché decir a mamá. Romper aguas? Qué era eso? Ella las había roto? Entonces no había sido culpa mía. Me estaría quieto hasta que todo volviera a la normalidad.
No lo hizo. Papá se levantó corriendo, mamá se vistió y se puso a recoger algo del suelo… creo que las aguas famosas. Y papá le dijo que lo dejara, que teníamos que ir al hospital. No, no quiero… allí es donde me empujan, donde me molestan cuando duermo. Por qué teníamos que ir?

Subimos al coche, que tampoco me gustaba nada. Es un movimiento muy molesto y estoy muy espachurrado, más de lo normal. A mi me gusta estirarme y en esa postura no puedo. No quiero ir en el coche, y menos al hospital. Pero mamá se subió al coche y fue todo el camino tranquilizando a papá y acariciándome. Creo que sabía que estaba enfadado y asustado.

Llegamos al hospital y todo empezó a ser aún más extraño. Mamá respiraba y repetía aaaaaaaa mientras respiraba… y cada vez yo notaba más empujones, pero no eran como los que me habían molestado otras veces… eran como un abrazo… como si mi casita me abrazara fuerte y me intentara llevar a algún sitio… pero no sabía dónde.

Notaba el miedo de mamá, quería verme pero, por algún motivo, tenía miedo de hacerlo… Estaba paralizada. Me repetía que me iba a acompañar donde fuera mi camino, que iba a estar a mi lado, que aceptaba lo que yo decidiera… pero no me dejaba moverme… ella no se dejaba mover…
Cada vez tenía menos líquido de ese calentito y confortable que tenía antes, y los abrazos cada vez eran más fuertes. Mamá respiraba cada vez menos calmada… y sus aaaaaaaa terminaban a veces en grito y en tensión. Parecía que mamá tenía dolor…

Mamá habló con papá y con otra persona, la Matrona me pareció entender. Ella le dijo que yo no salía, que había que poner oxitocina porque llevaba mucho tiempo perdiendo aguas y yo no estoy bien de salud y no íbamos a poder esperar mucho más. Mamá se puso nerviosa pero aceptó y desde ahí… desde ahí nada de abrazos y nada de respiraciones tranquilas… Mamá sufría, yo sufría… me sentía agobiado, los empujones eran demasiado fuertes, demasiado largos… y mamá acabó gritando aunque papá intentaba darle mimos para que se sintiera mejor, así que terminó pidiendo que le pusieran algo llamado epidural después de pedirme perdón por hacerlo. No era lo que ella quería para mi, pero no podía más.

Poco después otro cambio… qué era todo aquello? Qué picor en los ojos! Qué frío! Cuantas manos! Dónde estaba mi mamá? Y mi papá? No les oía cerca, no les sentía cerca. Yo movía mi mano para tocar, como siempre había tocado, a mi mamá y mi cara era de enfado. No entendía nada de lo que pasaba, no quería nada de eso. 
Solo escuchaba voces que no conocía, manos que me tocaban de forma diferente a las de mis papás. Algo que entraba por mi boca y que me molestaba. Por qué me hacían todo eso? Era molesto, era desagradable. No quería más de eso! Dónde estaba mi mamá?

Entonces sentí sueño… Me decían que me tranquilizara, que ahora vendrían mamá y papá… Y me metieron en una cosa cuadrada, me llevaron a un sitio con muchos ruidos, mucha luz… Y muchas personas que no conocía hasta que llegó papá. Conocí su voz, aunque no podía moverme… y después mamá, que me acarició como ella sabe. Los dos juntos me dijeron cuanto me querían, qué lindo soy y que íbamos a pelear juntos cada día. Que estarían siempre a mi lado.

Ese día, después de 13 horas tras haberse roto mi bolsita de líquido cómoda y calentita, nací. Y entonces me enteré de que no sólo mi mamá, mi papá, mi hermana y mi familia me esperaban, sino muchas otras personas. Que muchos me llamaban héroe y pequehéroe, aunque no sé por qué. Yo solo nací, vivo… y también supe que mi historia sólo acababa de empezar.


Quizás queráis vivirla conmigo, soplar a mi lado, crecer conmigo…


Pablo, Mipequeheroe